La lección de Bolivia para la política latinoamericana

Morales renunció el año pasado, en lo que muchos han definido como un golpe de Estado, después de que su intento de mantenerse en la presidencia un periodo más desencadenó múltiples disturbios y terminó en una controvertida elección. Pero si los líderes como él pueden pasar la batuta a figuras menos polarizantes, quizá puedan inyectar nueva vida a sus movimientos políticos.

De hecho, la ausencia de Evo Morales ayudó a vigorizar al MAS, en vez de debilitarlo, sostiene Pablo Stefanoni, un periodista radicado en Bolivia que opina que la crisis que rodeó su renuncia “permitió la emergencia de una nueva camada de dirigentes” cuyo ascenso estuvo limitado durante el gobierno de Morales.

No es fácil convencer de seguir con sus vidas a los líderes populares que han probado el poder y que a menudo buscan volver a sus cargos como una solución a los problemas legales que enfrentan. En Argentina, se esperaba que Cristina Fernández de Kirchner, cercada por numerosos cargos de corrupción, contendiera por un tercer mandato en 2019, pero abandonó la campaña debido a que las encuestas sugirieron que perdería. En cambio, promovió como candidato presidencial de su partido a Alberto Fernández, un profesor de derecho y exjefe de gabinete a quien se percibe como menos ideológico, y ella se postuló para vicepresidenta. Alberto Fernández ganó por una inmensa mayoría.

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En Ecuador, el expresidente Rafael Correa está siguiendo el mismo camino. Su partido político nominó a Andrés Arauz, un economista de 35 años y exministro de gobierno, como su candidato para la elección presidencial de febrero. Las posibilidades de Arauz podrían depender de su distanciamiento del polémico Rafael Correa, quien en abril fue sentenciado a ocho años de prisión por cargos de corrupción.

Otros líderes se consideran los únicos que pueden derrotar a la oposición. En Brasil, hay rumores de que el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva podría postularse como candidato a la presidencia en 2022. Pero, aunque Da Silva se mantiene como una figura mítica en la política brasileña, para ese entonces tendrá 76 años y su respaldo tiene límites: tal vez logre llegar a una segunda vuelta en la que, según las encuestas, perdería contra el presidente Jair Bolsonaro. Pasar la batuta a los nuevos líderes que han surgido durante la presidencia de Bolsonaro puede ser la mejor apuesta del Partido de los Trabajadores, el movimiento político de Da Silva.

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La lección no es aplicable solo a los partidos de izquierda. En Argentina, la coalición de centroderecha del expresidente Mauricio Macri tratará de regresar a la palestra electoral en la elección presidencial de 2023. Pero, dada la opinión profundamente desfavorable que los electores tienen de Macri, es más probable que su partido tenga éxito con otro candidato.

Las encuestas señalan que esa persona podría ser el jefe de gobierno de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta. Pese a que algunos críticos dicen que no tiene carisma, la reputación de Rodríguez Larreta como un administrador eficiente lo ha convertido en una de las figuras políticas más populares del país. Sería otro ejemplo de un político menos polarizador que ofrece un nuevo impulso al proyecto de Mauricio Macri.

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